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miércoles, 6 de marzo de 2019

Lo que algunos comunistas de la actualidad parecen olvidar de la II República Española de 1931


«La monarquía española, que se ha conservado hasta el año 1931, apoyaba y defendía todo lo opresor, todo lo atrasado en la vida del país, es decir, que era una monarquía semiabsolutista o semifeudal, que ya se aliaba con la burguesía, o ya la admitía parcialmente en el poder; pero siempre conservando la preponderancia de los latifundistas, de la aristocracia, de los militares y del alto clero, de la iglesia, que ocupaba, sobre todo, una situación privilegiada.

De esta manera se pone de manifiesto el rasgo fundamental de la revolución española, la no terminación de la revolución democrático-burguesa, sobre todo de la revolución agraria. Esto significa que en España, en 1931, estaba en sazón la revolución democrático-burguesa, eminentemente agraria. Pero es absolutamente claro que esta revolución se desarrollaba en tales condiciones nacionales e internacionales, que definían el papel preponderante del proletariado en esta revolución, que tenía que llevarla a cabo, no sólo contra los latifundistas, sino también contra la burguesía contrarrevolucionaria, es decir, que la revolución democrático-burguesa tenía que ser realizada bajo la hegemonía del proletariado, con la perspectiva de su transformación rápida en revolución socialista.

Vino el 14 de abril, que trajo la caída de la monarquía y la instauración de una República burguesa, en cuyo gobierno, los puestos de Presidente y ministro de Gobernación, pertenecían a dos viejos monárquicos: Alcalá Zamora y Miguel Maura, los cuales, de completo acuerdo con el resto del Gobierno, incluso los socialistas, se plantearon como tarea principal la salvación del aparato del Estado y de la base social de la monarquía y la salvación de los latifundistas en general.

La burguesía ha creado una leyenda alrededor del 14 de abril, intentando presentarlo como un idilio de armonía de clases y de un cambio de régimen sin efusión de sangre y sin luchas, con un completo acuerdo de todos.

El Partido y los hechos desenmascaran esta leyenda burguesa. La caída de la monarquía del 14 de abril fue preparada por el empuje revolucionario de los obreros, de los campesinos y de una capa de la pequeña burguesía de la ciudad.